Visita las 3 casas de Pablo Neruda en Chile y vive su historia

Pablo Neruda era un hombre que practicaba lo que predicaba. Aceptó lo extraño en todas las facetas de la vida, ya sea en prosa o en diseño de interiores. Estas casas lo prueban.

El gran poeta chileno estaba obsesionado con lo inusual. Usaba bolígrafos verdes para redactar poemas e incluso se creó su propio nombre. Los padres iban a llamarlo Ricardo Eliezer Neftal Reyes y Basoalto, pero Ricardo Reyes se volvió a bautizar como Pablo Neruda cuando era adolescente.

En el discurso de aceptación de su Premio Nobel, mencionó: “No aprendí a escribir poemas de ningún libro”. Lo mismo ocurrió con sus casas excéntricas. Lleno de escarabajos, colecciones de conchas, vidrios de colores y recuerdos de la vida en el mar, las hermosas casas de Neruda: Isla Negra, La Sebastiana y La Chascona, son únicas y dignas de visitar. Son tan originales como su verso sedoso.

Isla Negra

El autor de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” y de docenas de libros pasó veinte años como diplomático. Los cargos incluyeron Sri Lanka, Birmania, España y Singapur. Cuando regresó a Chile a la edad de treinta y tres años, quería un hogar donde pudiera escribir sus más hermosos poemas. Lo encontró en la costa del Pacífico, al sur de Valparaíso, en el centro de Chile.

Neruda llamó a este mágico castillo costero Isla Negra. Aunque no está en una isla, Pablo Neruda le dio ese nombre por las rocas negras y porque, para él, se trataba de una isla aislada de paz. Vivió allí, desde 1937 hasta su muerte en 1973.

Ubicada en un montículo de arena, Isla Negra se caracteriza por la devoción de Pablo por las profundidades. La casa está diseñada con pasillos estrechos y suelos de madera, como si fuese un barco. Asimismo, conchas, velas, artefactos del mundo del poeta y barcos en botellas se encuentran en los grandes estantes y rincones de esta casa. Neruda coleccionaba mascarones de proa y hay muchas de estas esculturas de sirenas en madera tallada por toda la casa. Cuando recibía a los invitados, se llamaba a sí mismo “capitán” y a veces incluso se disfrazaba.

La Sebastiana

Valparaíso es una increíble ciudad de colinas que se elevan desde la costa del Pacífico como marejadas de tierras, con vistas espectaculares de los puertos concurridos de la ciudad. En la cima de una de estas colinas se encuentra La Sebastiana, la fantástica casa de Neruda.

En 1950, Neruda pasaba parte de su tiempo en la capital de Chile, Santiago. Cansado del entorno decidió buscar otra casa con un ambiente más tranquilo. Escribió que quería una casa que “pareciera flotar en el aire, pero que estuviera bien establecida en la tierra”. Esta casa de cinco pisos en la colina de Florida de Valparaíso es inigualable. Le colocó el nombre de La Sebastiana, en honor al famoso arquitecto español Sebastián Callado, que la realizó en 1959.

La casa es una torre delgada con vistas increíbles al Océano Pacifico. Todos los pisos tienen ventanas altas y anchas y la brisa pasa por ellas llevando el aroma de la sal.

La Chascona

En la década de 1940 o principios de la del 1950, Neruda empezó a mantener una relación extra marital con una fisioterapeuta y cantante llamada Matilda Urrutia. Esta mujer era conocida por su pelo abundante, salvaje y rizado. Así que Pablo diseñó esta casa para su encuentro ilícito. Llamándola La Chascona, haciendo referencia a “la que tenía el pelo enredado”.

Ubicada en el barrio Bellavista en Santiago de Chile, esta casa es azul y está en una calle sin salida. Afuera, un bumerán de enormes ojos cuelga de los arcos de un árbol.

En su interior, cuenta con habitaciones repletas de mapas, colecciones de ceniceros, muñecas polacas, velas y máscaras. Hay un cuadro de Walt Whitman en una mesa, pero la mayoría de los ojos se mueven hacia una pintura del muralista mexicano Diego Rivera que es un retrato de la propia Matilda.

Matilda inspiró al ganador del Premio Nobel en muchas poesías y eventualmente se convirtió en la tercera esposa de Pablo Neruda. Los dos están enterrados juntos en Isla Negra. De todas sus extrañas casas, esa “isla” en la costa del continente era la que más amaba.

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